Vacunas

Vacunas

Elaborado por Nikko Médici el 18 de febrero de 2021.

Hay personas que temen a las vacunas, pero las vacunas son parte del avance científico en la medicina que ayudan a erradicar y combatir enfermedades. Es cierto que se desarrollan muchas teorías de conspiración alrededor del tema, aquí compartiremos algunas informaciones sobre las vacunas y dejamos a tu conciencia tomar cualquier decisión, pero por lo menos no será por falta de información confiable sin intereses en el negocio ni tampoco recibimos nada de farmacéuticas.

Para repasar algunos conceptos que se mencionan en esta publicación (Vacunas), se recomienda lo siguiente:

En esta publicación se pueden consultar los siguientes conceptos: 0) Célula. 1) Organismo. 2) Germen (gérmenes). 3) Virus. 4) Bacterias. 5) Hongos. 7) Parásito. 8) Protozoos.

En esta publicación se pueden consultar los siguientes conceptos: 1) Microorganismo. 2) Patógeno. 4) Infección. 5) Desinfección.

El sistema inmunitario: la defensa del organismo contra las infecciones

Para entender cómo actúan las vacunas contra las enfermedades es útil primero saber cómo combate las enfermedades nuestro organismo. Cuando los gérmenes, como el virus que causa el COVID-19, invaden nuestro organismo, atacan y se multiplican. Esta invasión, llamada infección, es lo que causa la enfermedad. Nuestro sistema inmunitario tiene diversas herramientas para combatir las infecciones. La sangre contiene glóbulos rojos que transportan oxígeno a los tejidos y órganos, y glóbulos blancos o inmunitarios que combaten las infecciones. Los diferentes tipos de glóbulos blancos combaten las infecciones de diferentes maneras (4):

·         Los macrófagos son glóbulos blancos que absorben y digieren los gérmenes y las células muertas o a punto de morir. Los macrófagos dejan en el organismo los llamados antígenos, que son partes de los gérmenes invasores. El organismo identifica los antígenos como peligrosos y estimula los anticuerpos para que los ataquen.

·         Los linfocitos B son glóbulos blancos que actúan como defensa. Producen anticuerpos que atacan las partes del virus que dejaron atrás los macrófagos.

·         Los linfocitos T son otro tipo de glóbulo blanco. Atacan a las células del organismo que ya están infectadas.

La primera vez que una persona se infecta con el microbio o microorganismo que causa una enfermedad, su cuerpo puede demorar varios días o semanas en desarrollar y usar todas las herramientas necesarias para combatir los gérmenes y vencer la infección. Después de la infección, el sistema inmunitario de la persona recuerda lo que aprendió sobre cómo proteger al organismo de la enfermedad. (4)(5)

El organismo conserva algunos linfocitos T, conocidos como células de memoria, que entran en acción rápidamente si el organismo se vuelve a encontrar con el mismo microbio. Cuando se detectan los antígenos familiares, los linfocitos B producen anticuerpos para atacarlos. Los expertos siguen estudiando para comprender durante cuánto tiempo estas células de memoria pueden proteger a una persona contra el virus que causa el COVID‑19. (4)(5)

Nota: cada patógeno consta de varias partes, por lo general exclusivas de ese patógeno específico y de la enfermedad que causa. La parte de un patógeno que provoca la formación de anticuerpos se llama antígeno. Los anticuerpos producidos en respuesta al antígeno del patógeno son una parte importante del sistema inmunitario. Se puede considerar que los anticuerpos son los soldados del sistema de defensa del cuerpo. Cada anticuerpo del sistema inmunitario está entrenado para reconocer un antígeno específico. En el cuerpo tenemos miles de anticuerpos diferentes. Cuando el cuerpo humano está expuesto a un antígeno por primera vez, el sistema inmunitario necesita tiempo para responder y producir anticuerpos específicos para ese antígeno. Mientras tanto, la persona es vulnerable a la enfermedad. (5) 

¿Qué es la vacunación?

La vacunación es una forma sencilla, inocua (que no hace daño) y eficaz de protegernos contra enfermedades dañinas antes de entrar en contacto con ellas. Las vacunas activan las defensas naturales del organismo para que aprendan a resistir a infecciones específicas, y fortalecen el sistema inmunitario. Es decir, Las vacunas se utilizan para reforzar el sistema inmunitario y prevenir enfermedades graves y potencialmente mortales (2).

Tras vacunarnos, nuestro sistema inmunitario produce anticuerpos (defensas), como ocurre cuando nos exponemos a una enfermedad, con la diferencia de que las vacunas contienen solamente microbios (como virus o bacterias) muertos o debilitados (atenuados) y no causan enfermedades ni complicaciones. Como ocurre con los medicamentos, en raras excepciones puede causar un efecto secundario no deseado a alguna persona, pero en sentido general las vacunas son beneficiosas. (1)

La mayoría de las vacunas se inyectan, pero otras se ingieren (vía oral) o se nebulizan en la nariz. (1)

¿Qué importancia tiene vacunarse?

La vacunación es una forma segura y eficaz de prevenir enfermedades y salvar vidas. En la actualidad existen vacunas para protegernos contra al menos 20 enfermedades, entre ellas la difteria, el tétanos, la tos ferina y el sarampión. En su conjunto, esas vacunas salvan cada año aproximadamente tres millones de vidas (1). Las vacunas ayudan a proteger contra muchas enfermedades que solían ser mucho más comunes. Muchas de estas infecciones pueden causar enfermedades serias o potencialmente mortales y pueden llevar a discapacidades de por vida. Gracias a las vacunas, muchas de estas enfermedades ahora son poco frecuentes (2).

Cuando nos vacunamos, no solo nos protegemos a nosotros mismos, sino también a quienes nos rodean. A algunas personas, por ejemplo, las que padecen enfermedades graves, se les desaconseja vacunarse contra determinadas enfermedades; por lo tanto, la protección de esas personas depende de que los demás nos vacunemos y ayudemos a reducir la propagación de tales enfermedades (1).

Las dos principales razones para vacunarse son protegernos a nosotros mismos y proteger a las personas que nos rodean. Puesto que no se puede vacunar a todas las personas —por ejemplo, no es recomendable para los recién nacidos, las personas gravemente enfermas y las que pueden presentar determinadas alergias—, al protegernos nosotros evitamos contagiarles enfermedades que se pueden prevenir mediante vacunación (1).

¿Cómo actúan las vacunas?

El sistema inmune nos permite enfrentarnos y vencer a diferentes enfermedades causadas por microorganismos tales como los virus y las bacterias. Sin él, cualquier infección acabaría dañando órganos vitales y conducirnos a la muerte. Cuando un virus nos infecta, el sistema inmune detecta su presencia y genera dos tipos de respuesta: por un lado, produce unas proteínas llamadas anticuerpos que se unen a las proteínas del virus para neutralizarlo y así evitar que pueda infectar a nuevas células; y por otro, estimula unas células denominadas citotóxicas, que tienen la capacidad de reconocer células infectadas por el virus y matarlas antes de que puedan liberar más virus en el organismo. (3)

Las vacunas le "enseñan" al cuerpo cómo defenderse cuando microorganismos, como virus o bacterias lo invaden (2), dicho de otra forma, las vacunas funcionan imitando a los virus y las bacterias que causan enfermedades preparando al sistema inmune para reconocer y defenderse contra ellas (3) porque las vacunas contienen partes atenuadas o inactivadas de un organismo específico (antígeno) que provoca una respuesta inmunitaria en el cuerpo (5). Las vacunas ponen en marcha las defensas naturales del organismo y, de ese modo, reducen el riesgo de contraer enfermedades. Actúan desencadenando una respuesta de nuestro sistema inmunitario y a responder como lo hubiese hecho en su primera reacción ante el patógeno real, que (1)(2)(3)(5):

·         Reconoce al microbio invasor (por ejemplo, un virus o una bacteria), esto es porque las vacunas exponen al cuerpo a una cantidad muy pequeña y muy segura de virus o bacterias que han sido debilitados/atenuados o destruidos.

·         Genera anticuerpos, que son proteínas que nuestro sistema inmunitario Produce naturalmente para luchar contra las enfermedades;

·         Recuerda la enfermedad y el modo de combatirla. Si, en el futuro, nos vemos expuestos al microbio contra el que protege la vacuna, nuestro sistema inmunitario podrá destruirlo rápidamente antes de que empecemos a sentirnos mal.

En definitiva, las vacunas son una forma ingeniosa e inocua de inducir una respuesta inmunitaria sin causar enfermedades. (1)(4)

Nuestro sistema inmunitario está diseñado para recordar. Tras la administración de una o más dosis de una vacuna contra una enfermedad concreta, quedamos protegidos contra ella, normalmente durante años, décadas o incluso para toda la vida. Por eso las vacunas son tan eficaces: en vez de tratar una enfermedad cuando esta aparece, evitan que nos enfermemos porque antes de que llegue a nuestro cuerpo, ya nuestro cuerpo está preparado para enfrentarla. (1)

Los avances en investigación biológica han permitido identificar en muchos casos las proteínas que permiten que el virus infecte y se multiplique en las personas. En el caso del virus SARS-CoV-2, esta proteína critica es la proteína S (spike o espícula) y por eso la mayoría de las vacunas frente a la COVID‑19 implican generar respuesta contra esta proteína. Las vacunas en desarrollo lo que contienen es esta proteína, que pueden aislarse del virus, producirse en el laboratorio, o introducir su secuencia genética en un vector (por ejemplo, un mRNA) que lo expresará cuando vacunemos al individuo. Estas vacunas no contienen el virus completo y, por tanto, nunca van a producir la enfermedad COVID-19 que causa este patógeno (3). Un patógeno es una bacteria, un virus, un parásito, un hongo o cualquier microbio que puede causar enfermedad (5).

Algunas vacunas requieren la administración de múltiples dosis a intervalos de semanas o meses.  En ocasiones, esto es necesario para posibilitar la producción de anticuerpos de larga vida y el desarrollo de células de memoria. De esa forma, el cuerpo se prepara para combatir el organismo específico causante de la enfermedad y recordar el patógeno para combatirlo rápidamente si ello fuera preciso en el futuro. (5)

Por lo general, después de la vacunación el organismo demora algunas semanas en producir linfocitos T y linfocitos B. Por consiguiente, es posible que una persona se infecte, ej. con el virus que causa el COVID-19 justo antes o justo después de vacunarse, y que se enferme porque la vacuna no tuvo suficiente tiempo para generar protección. (4)

A veces, después de la vacunación, el proceso de generar inmunidad puede causar síntomas, por ejemplo fiebre. Estos síntomas son normales y son una señal de que el organismo está desarrollando inmunidad. (4)

¿Cómo protegen las vacunas a las personas y las comunidades?

Las vacunas adiestran y preparan las defensas naturales del organismo, el sistema inmunitario, para que reconozcan y combatan virus y bacterias. Si después de la vacunación el organismo se viera expuesto a esos agentes patógenos (que causan enfermedades), estaría preparado para destruirlos rápidamente y, de ese modo, evitaría la enfermedad. (1)

Cuando una persona se vacuna contra una enfermedad, su riesgo de infección también se reduce (es muy probable que esté protegida contra esa enfermedad), por lo que es mucho menos probable que transmita el virus o la bacteria a otras personas. Cuantas más personas de una comunidad se vacunen habrá menos personas vulnerables, y de ese modo se reducirán las probabilidades de que una persona infectada transmita el agente patógeno a otros. La reducción de las probabilidades de circulación de un agente patógeno en la comunidad protege de la enfermedad a quienes no se les puede aplicar la vacuna correspondiente (debido a situaciones clínicas tales como alergias o la edad). (1)

El término «inmunidad colectiva» (también llamada «inmunidad de grupo») se refiere a la protección indirecta contra una enfermedad infecciosa que se consigue cuando una población se vuelve inmune, ya sea como resultado de la vacunación o de haber presentado la infección con anterioridad. La inmunidad colectiva no implica que las propias personas que no estén vacunadas o que no hayan presentado la infección sean inmunes. Por el contrario, la inmunidad colectiva ocurre cuando las personas que no son inmunes pero viven en una comunidad en la que la proporción de inmunidad es alta tienen un menor riesgo de contraer una enfermedad en comparación con las personas que no son inmunes y viven en una comunidad en la que la proporción de inmunidad es baja. (1)

Ahora bien, no todas las personas se pueden vacunar. Algunas, con enfermedades preexistentes que debilitan sus sistemas inmunitarios (por ejemplo, cáncer o VIH) o las que tienen alergias graves a algunos componentes de las vacunas, tal vez no puedan recibir determinadas vacunas. Esas personas pueden estar protegidas si viven entre otras personas que sí estén vacunadas. Cuando muchas personas de una comunidad están vacunadas, la circulación del patógeno es difícil porque la mayoría de las personas están inmunizadas.  Por lo tanto, cuanto más personas estén vacunadas, menos probable será que una persona que no puede protegerse con vacunas corra el riesgo de verse expuesta a patógenos. Esto también se denomina inmunidad colectiva. (5)

Esto es especialmente importante no solo para las personas que no pueden vacunarse, sino también para las que pueden ser más susceptibles a las enfermedades contra las que vacunamos. Ninguna vacuna proporciona por sí sola una protección del 100 %, y la inmunidad colectiva no ofrece protección total a quienes no pueden vacunarse con seguridad. No obstante, la inmunidad colectiva ofrece a esas personas un grado sustancial de protección, gracias a que las personas de su entorno están vacunadas. (5)

En las comunidades en las que la proporción de inmunidad es alta, las personas que no son inmunes tienen un menor riesgo de contraer la enfermedad en comparación con el riesgo que normalmente tendrían, pero esa reducción del riesgo deriva de la inmunidad de las personas de la comunidad en la que viven (es decir, la inmunidad colectiva) no del hecho de que ellas sean inmunes. Incluso después de que la inmunidad de grupo se alcance por primera vez y se observe que las personas que no están vacunadas tienen un menor riesgo de padecer la enfermedad, es posible disminuir aún más el riesgo si se aumenta la cobertura de vacunación. En los casos en los que la cobertura vacunal es muy amplia, es posible que las personas que no son inmunes lleguen a tener un riesgo de contraer la enfermedad parecido al de aquellos que son verdaderamente inmunes. (1)

La vacunación no solo lo protege a usted, sino también a las personas de la comunidad que no se pueden vacunar. Si usted puede vacunarse, hágalo. (5)

¿Qué enfermedades previenen las vacunas?

Las vacunas protegen contra muchas enfermedades, a continuación se mencionan algunas (1)(2):

-      El cáncer cervicouterino;

-      El cólera;

-      La difteria;

-      La hepatitis A, B;

-      La encefalitis japonesa;

-      El sarampión;

-      La meningitis;

-      Las paperas;

-      La tosferina;

-      La neumonía;

-      La poliomielitis;

-      La rabia;

-      Las infecciones por rotavirus;

-      La rubéola;

-      El tétanos (antitetánica);

-      La fiebre tifoidea;

-      La varicela;

-      La fiebre amarilla;

 Actualmente se siguen desarrollando otras vacunas, y algunas de ellas ya se administran experimentalmente. Es el caso de las que protegen contra el ébola o contra el paludismo, que todavía no están disponibles en todo el mundo. (1)

Es posible que, en su país, no necesite todas estas vacunas. Algunas solo es necesario administrarlas en situaciones específicas: antes de viajar a determinados lugares, en las zonas de riesgo o cuando una persona corre un riesgo elevado de infectarse por motivos laborales. Los profesionales sanitarios le informarán de las vacunas que necesitan usted y su familia. (1)

¿Qué pasa con las vacunas para la gripe?

La gripe es una enfermedad grave que mata cada año a entre 300 000 y 650 000 personas. Hay grupos que corren más riesgo de sufrir síntomas graves e, incluso, de fallecer, como las embarazadas, los niños pequeños, los ancianos y las personas que presentan enfermedades crónicas, como el asma y determinadas cardiopatías. Al vacunar a una embarazada, se protege también al feto (por el momento, no se ha comercializado ninguna vacuna antigripal para niños menores de seis meses). (1)

Las vacunas contra la gripe estacional proporcionan inmunidad contra las tres cepas más prevalentes que circulan cada temporada. Son el mejor método para reducir las posibilidades de presentar una gripe de gravedad y contagiarla a otras personas, y se utilizan desde hace 60 años sin causar problemas. (1)

¿Cómo se desarrollan y prueban las vacunas?

Las vacunas más utilizadas se han administrado durante decenios, y millones de personas las reciben cada año con total seguridad. Al igual que los medicamentos, cada vacuna debe pasar por una serie de pruebas amplias y rigurosas que garanticen su seguridad, antes de que se puedan introducir en un país. (1)

El primer ensayo de una vacuna experimental se realiza con animales, con el fin de evaluar su seguridad y sus posibilidades para prevenir la enfermedad. Con posterioridad se realizan ensayos clínicos con seres humanos, en tres fases (1)(6):

-      En la fase I se administra la vacuna a un pequeño número de voluntarios, a fin de evaluar su seguridad, confirmar que genera una respuesta inmunitaria y determinar la dosis correcta. En esta fase, por lo general, las vacunas se prueban en voluntarios adultos jóvenes y sanos.

-      En la fase II se suele administrar la vacuna a cientos de voluntarios, de los que se hace un seguimiento estrecho para detectar cualquier efecto secundario y evaluar su capacidad de generar una inmunitaria, también con el fin de evaluar más a fondo su seguridad. Además, de ser posible, en esta fase se obtienen datos sobre resultados relacionados con enfermedades, pero, por lo general, en números insuficientes para tener un panorama claro del efecto de la vacuna en la enfermedad. Los participantes en esta fase tienen las mismas características (por ejemplo, edad y sexo) que las personas a las que se prevé vacunar. En esta fase, algunos voluntarios reciben la vacuna y otros no, lo que permite efectuar comparaciones y extraer conclusiones sobre la vacuna, como por ejemplo determinar si los cambios en el grupo vacunado son atribuibles a la vacuna o se han producido por azar.

-      En la fase III se administra la vacuna a miles de voluntarios, algunos de los cuales reciben la vacuna experimental y otros no, al igual que en los ensayos de fase II a fin de determinar si la vacuna es eficaz contra la enfermedad y estudiar su seguridad en un grupo de personas mucho más numeroso. Los datos de ambos grupos se comparan cuidadosamente para determinar si la vacuna es segura y eficaz contra la enfermedad de que se trate. Por lo general, los ensayos de fase 3 se realizan en muchos países y en numerosos lugares de cada país, con el fin de asegurar que las conclusiones respecto de la eficacia de la vacuna sean válidas en relación con muchas poblaciones diferentes.

Durante los ensayos de fase 2 y fase 3 los voluntarios y los científicos que realizan el estudio no saben a qué voluntarios se les administra la vacuna y a quiénes no se les administra. Esto se conoce como «ensayo de doble ciego», y es necesario para asegurar que en sus evaluaciones de la seguridad o la eficacia de la vacuna, ni los voluntarios ni los científicos se vean influenciados por saber quiénes recibieron qué producto. Una vez finalizado el ensayo y obtenidos todos los resultados se revela a los voluntarios y a los científicos que condujeron el ensayo, quiénes recibieron la vacuna y quiénes no. (6)

Una vez disponibles los resultados de los ensayos clínicos se deben adoptar una serie de medidas que incluyen exámenes de la eficacia, seguridad y fabricación, con miras a obtener las autorizaciones normativas y de salud pública previas a la introducción de la vacuna en un programa nacional de inmunización. Las autoridades de cada país examinarán minuciosamente los datos del estudio y decidirán si autorizan la vacuna para su uso. Antes de introducir una vacuna en un programa nacional de inmunización es preciso demostrar su seguridad y eficacia en una población amplia. Las exigencias relativas a la seguridad y la eficacia de las vacuna son extremadamente altas, habida cuenta de que las vacunas se administran a personas sanas y sin enfermedad. (1)

Después de la introducción de una vacuna se mantiene un estrecho seguimiento destinado a detectar cualquier efecto secundario adverso imprevisto y evaluar con más detalle su eficacia en condiciones de uso sistemático, incluso con mayor número de personas, así como para seguir evaluando la mejor manera de utilizar la vacuna y de conseguir el máximo efecto de protección. Una vez que se comienza a utilizar una vacuna es preciso mantener un seguimiento continuado para garantizar que sigue siendo segura. Para más información (en inglés) sobre el desarrollo y la seguridad de las vacunas, pulse aquí. (1)

¿Qué contiene una vacuna?

Todos los componentes de las vacunas son importantes para garantizar su inocuidad y su eficacia. Estos son algunos de ellos (1):

-      El antígeno: es una forma muerta o debilitada de un patógeno (por ejemplo, un virus o una bacteria) que prepara a nuestro organismo para reconocer y combatir una determinada enfermedad en el futuro.

-      Adyuvantes: ayudan a incrementar la respuesta inmunitaria y, así, facilitan la acción de las vacunas.

-      Conservantes: garantizan que la vacuna mantiene su eficacia.

-      Estabilizantes: protegen la vacuna durante su transporte y almacenamiento.

 Algunos de los componentes que figuran en la etiqueta de las vacunas nos son desconocidos, pero muchos de ellos están presentes de forma natural en nuestro organismo, en nuestro entorno y en los alimentos que ingerimos. Para garantizar su inocuidad, se hace un examen y un seguimiento integral de todas las vacunas y de sus ingredientes por separado. (1)

Algunos tipos diferentes de vacunas (2)(7):

-      Las vacunas de patógenos vivos o vacunas atenuadas usan la forma del virus o bacteria debilitada (o atenuada). La vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola (triple viral) y la vacuna contra la varicela (viruela) son ejemplos.

-      Las vacunas muertas (vacunas inactivadas) se hacen de una proteína u otros pequeños fragmentos tomados de un virus o bacteria. La vacuna contra la tos convulsiva (tos ferina) es un ejemplo.

-      Las vacunas toxoides contienen una toxina o químico producido por la bacteria o virus. Estas vacunas lo hacen inmune a los efectos dañinos de la infección, en lugar de a la infección en sí. Algunos ejemplos son las vacunas antidiftérica y antitetánica.

-      Las vacunas biosintéticas contienen substancias artificiales que son muy similares a pedazos de virus o bacterias. La vacuna contra la hepatitis B es un ejemplo.

-      El método genético (vacunas de ácido nucleico). A diferencia de los métodos para diseñar vacunas en los que se utilizan agentes patógenos íntegros atenuados o destruidos o fragmentos de uno, en las vacunas de ácido nucleico solamente se utiliza una secuencia de material genético que proporciona las instrucciones para fabricar proteínas específicas y no todo el agente. Las moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN) y ácido ribonucleico (ARN) son las instrucciones que nuestras células utilizan para fabricar proteínas. En nuestras células, en primer lugar, el código de ADN se transduce en ARN mensajero (ARNm) que, posteriormente, se utiliza como plantilla para fabricar proteínas específicas. Por medio de las vacunas de ácido nucleico un conjunto específico de instrucciones se insertan en nuestras células, ya sea en forma de ADN o ARNm, con el fin de que estas fabriquen la proteína específica que deseamos que el sistema inmunitario reconozca y contra la que deseamos que se induzca una respuesta. El método del ácido nucleico es una nueva técnica para desarrollar vacunas.

El ADN, o ácido desoxirribonucleico, es la molécula que contiene la información genética de todos los seres vivos, incluso algunos virus. El ácido ribonucleico (ARN) es una molécula similar a la de ADN. A diferencia del ADN, el ARN es de cadena sencilla. (8)

Los diferentes tipos de vacunas actúan de diferentes formas para aportar protección, pero con todos los tipos de vacunas el organismo se queda con un suministro de linfocitos T de "memoria", además de linfocitos B que recordarán cómo combatir ese virus en el futuro (4).

¿Son seguras las vacunas?

A algunas personas les preocupa que las vacunas no sean seguras y que puedan ser dañinas, especialmente para los niños. Estas personas pueden solicitarle al proveedor de atención médica que espere o, incluso, pueden optar por no aplicar la vacuna. Sin embargo, los beneficios de las vacunas superan con creces los riesgos. (2)

La Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) y el Instituto de Medicina (Institute of Medicine) concluyen que los beneficios de las vacunas superan los riesgos. (2)

La vacunación es inocua y, aunque pueda producir efectos secundarios, como dolor en el brazo o fiebre baja, suelen ser muy leves y temporales. Si bien no puede descartarse que ocasionen efectos secundarios graves, estos son sumamente raros. (1)

Todas las vacunas autorizadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las distintas fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas con regularidad tras su comercialización. Además, los científicos hacen un seguimiento constante de la información procedente de diversas fuentes en busca de indicios de que causen efectos adversos. (1)

Es mucho más probable padecer lesiones graves por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, el tétanos puede ocasionar dolores muy intensos, espasmos musculares (por ejemplo, de músculos que se utilizan para masticar) y coágulos sanguíneos, mientras que sarampión puede inflamar el encéfalo (encefalitis) y causar ceguera. Muchas enfermedades prevenibles mediante vacunación nos pueden matar. Los beneficios de la vacunación superan con creces los riesgos a los que exponen, y sin vacunas habría muchos más casos de enfermedades y de defunciones. (1)

Las vacunas, como la del sarampión, las paperas, la rubeola, la varicela y la antigripal en aerosol nasal, contienen virus vivos pero debilitados (2):

-      A menos que el sistema inmunitario de una persona esté débil, es poco probable que la vacuna le produzca la infección. Las personas con sistemas inmunitarios debilitados no deben recibir estas vacunas de virus vivos.

-      Estas vacunas de virus vivos pueden ser peligrosas para el feto de una mujer embarazada. Para evitar daño al bebé, las mujeres embarazadas no deben recibir ninguna de estas vacunas. El proveedor le puede indicar el momento adecuado para recibirlas.

El timerosal es un conservante que se encontraba en la mayoría de las vacunas en el pasado. Pero ahora (2):

-      Hay vacunas antigripales para bebés y niños que no contienen timerosal.

-      NINGUNA otra vacuna utilizada comúnmente para niños o adultos contiene timerosal.

-      Investigaciones realizadas a lo largo de muchos años NO han mostrado ningún vínculo entre el timerosal y el autismo u otros problemas de salud.

Las reacciones alérgicas son poco frecuentes y normalmente son a alguna parte (componente) de la vacuna. (1)

¿Qué significa la eficacia o efectividad de una vacuna?

Aunque puedan parecer sinónimos, para los científicos la efectividad y la eficacia de una vacuna no son la misma cosa.

Tal como lo explica el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) y otras fuentes bibliográficas (10)(11)(12)(13):

Eficacia: “Grado en que una intervención, procedimiento, régimen o servicio específico produce un resultado beneficioso en condiciones ideales. En el mejor de los casos, la determinación de la eficacia se basa en los resultados de un ensayo controlado y aleatorizado”.  Por ejemplo, se trabaja en condiciones ideales y controladas en un ensayo clínico.

Esta definición de eficacia se refiere realmente a “eficacia potencial,” puesto que una vacuna puede perder parcial o totalmente su capacidad protectora si se usa en condiciones inferiores a lo ideal, como refrigeración inadecuada o administración incorrecta. Los estudios de eficacia en condiciones de campo miden la eficacia de una vacuna tal como se ha almacenado, manipulado y administrado.    

Efectividad: “Grado en que una intervención, procedimiento, régimen o servicio específico, una vez aplicado en el terreno, produce el efecto previsto en una población definida”, es decir, los resultados de la efectividad se obtienen de la aplicación de las vacunas en condiciones reales. En el contexto de la evaluación de vacunas, la efectividad depende no solo de la eficacia de la vacuna sino también de las características de la población a la cual se va a administrar y las de la población de comparación. Si la población de comparación está protegida en alguna medida contra la enfermedad en virtud de una exposición reducida o de alguna forma de resistencia intrínseca, el efecto aparente de la vacunación se reducirá. Del mismo modo, si en la población de comparación el riesgo relativo está aumentado con respecto a la población que será objeto de vacunación, aumentará la protección aparente atribuible a dicha intervención. La efectividad depende en gran medida de la población seleccionada para la vacunación, al margen de que dicha selección haya sido fruto de decisiones individuales o administrativas.

Imagina que 100 personas están enfermas con Covid-19. "Eficacia del 90 %" significa que si solo hubieran recibido la vacuna, en promedio solo 10 se habrían enfermado. La eficacia de la vacuna es la reducción relativa del riesgo: cualquiera que fuera su riesgo antes, se reduce en un 90 % si se vacuna. Hay mucha confusión sobre este número: no significa que haya un 10 % de posibilidades de contraer Covid-19 si se vacuna, esa posibilidad será enormemente inferior al 10 %. (14)

Las vacunas, ¿causan efectos secundarios?

Como todos los medicamentos, las vacunas pueden causar efectos secundarios leves —por ejemplo, fiebre baja, dolor o enrojecimiento en el lugar de inyección—, que desaparecen espontáneamente a los pocos días. (1)

Raramente producen efectos secundarios más graves o duraderos: la probabilidad de sufrir una reacción grave a una vacuna es de uno entre un millón. (1)

Las vacunas se someten a una vigilancia continua para garantizar su inocuidad y detectar posibles efectos adversos, que son infrecuentes. (1)

¿Se puede administrar a los niños más de una vacuna simultáneamente?

Se ha demostrado científicamente que administrar varias vacunas al mismo tiempo no causa efectos negativos. Los niños están expuestos cada día a cientos de sustancias que desencadenan respuestas inmunitarias. Al ingerir un alimento, introduce nuevos gérmenes en su organismo, y su nariz y su boca albergan muchas bacterias. (1)

Cuando se administra a un niño una vacuna múltiple (por ejemplo, contra la difteria, la tosferina y el tétanos) se reduce el número de inyecciones y se le causa menos malestar. Además, se garantiza que recibe las vacunas que necesita en el momento adecuado para no exponerlo al riesgo de contraer enfermedades potencialmente mortales. (1)

¿Hay un vínculo entre las vacunas y el autismo?

No existen pruebas que demuestren vínculo alguno entre las vacunas y el autismo u otros trastornos de su espectro. Ello se ha comprobado en numerosos estudios que han incluido a un número muy alto de individuos. (1)

En 1998 se publicó un estudio que sembró dudas sobre la posible relación entre una vacuna triple (contra el sarampión, las paperas y la rubeola) y el autismo. Sin embargo, posteriormente se comprobó que el estudio presentaba numerosas deficiencias y era fraudulento. La revista que lo había publicado lo eliminó y a su autor se le retiró la licencia para ejercer la medicina. Por desgracia, este artículo asustó a algunas personas y las tasas de inmunización contra algunas enfermedades cayeron en determinados países, con la consiguiente aparición de brotes. (1)

Es responsabilidad de todos difundir solamente información científica fiable acerca de las vacunas y de las enfermedades que previenen. (1)

Referencias bibliográficas:

1. Vacunas e inmunización: ¿Qué es la vacunación? Organización Mundial de la Salud (OMS), 31 de diciembre de 2020.

https://www.who.int/es/news-room/q-a-detail/vaccines-and-immunization-what-is-vaccination?adgroupsurvey={adgroupsurvey}&gclid=EAIaIQobChMIncf79r7v7gIVYwNlCh1TogD-EAAYASAAEgIAEvD_BwE (Última vez visitado 16/2/2021).

2. Vacunas. Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU (NIH). Medline Plus

https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/002024.htm (Última vez visitado 16/2/2021).

3. ¿Cómo funcionan las vacunas? Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

https://www.aemps.gob.es/la-aemps/ultima-informacion-de-la-aemps-acerca-del-covid%E2%80%9119/vacunas-contra-la-covid%E2%80%9119/como-funcionan-las-vacunas/ (Última vez visitado 16/2/2021).

4. Información para entender cómo actúan las vacunas contra el COVID-19. Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), 13 de enero de 2021.

https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/vaccines/different-vaccines/how-they-work.html (Última vez visitado 16/2/2021).

5. ¿Cómo actúan las vacunas? Organización Mundial de la Salud (OMS), 8 de diciembre de 2020.

https://www.who.int/es/news-room/feature-stories/detail/how-do-vaccines-work (Última vez visitado 17/2/2021).

6. ¿Cómo se desarrollan las vacunas? Organización Mundial de la Salud (OMS).

https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/covid-19-vaccines/how-are-vaccines-developed (Última vez visitado 17/2/2021).

7. Los distintos tipos de vacunas que existen. Organización Mundial de la Salud (OMS), 12 de enero de 2021.

https://www.who.int/es/news-room/feature-stories/detail/the-race-for-a-covid-19-vaccine-explained (Última vez visitado 17/2/2021).

8. ADN (ácido desoxirribonucleico). Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de los EE. UU.

https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/ADN-acido-Desoxirribonucleico (Última vez visitado 17/2/2021).

9. ARN (ácido ribonucleico). Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de los EE. UU.

https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/ARN (Última vez visitado 17/2/2021).

10. Cómo se miden la efectividad y la eficacia de la vacuna contra la influenza. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

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11. George W. Comstock. Evaluación de la efectividad de la vacunación y la eficacia de las vacunas mediante estudios de casos y controles. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana 121 (3), 1996.

https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/15438/v121n3p228.pdf?sequence=1&isAllowed=y (Última vez visitado 18/2/2021).

12. George W. Comstock. Evaluating vaccination effectiveness and vaccine efficacy by means of case-control studies. Epidemiologic Reviews (1994:16:77-89).

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13. L. Salleras, A. Domínguez, E. Borrás, N. Soldevila. Eficacia protectora de las vacunas y efectividad de las vacunaciones: introducción a la medición de la protección directa e indirecta. Vacunas vol. 12, núm. 4, págs. 136-146, octubre 2011.

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14. David Spiegelhalter and Anthony Masters. Behind the numbers: what does it mean if a Covid vaccine has ‘90% efficacy’? Support the Guardian, enero 2021.

https://www.theguardian.com/theobserver/commentisfree/2021/jan/24/behind-the-numbers-what-does-it-mean-if-covid-vaccine-has-90-per-cent-eifficacy (Última vez visitado 18/2/2021).


Nikko Médici

Ingeniero químico.

Especialidad en tecnología de alimentos.

Especialidad en calidad y tratamiento de agua.

Maestría en gestión y auditorías ambientales. Orientación en ingeniería y tecnología ambiental.

Maestría en ingeniería térmica.

Doctor (Ph. D.) en eficiencia energética y sostenibilidad en ingeniería y arquitectura.

Gerente general e investigador científico jefe en CIENCIA EQUIS.




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